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viernes, 4 de junio de 2010

En paz con el planeta: Un acercamiento a la necesidad de decrecer

La tarde de hoy viernes, desde las 19:00, la dedicaremos, todos los que queráis uniros, a acercarnos colectivamente a la necesidad de decrecer. Será en la sala de usos múltiples de la Casa de la Juventud (Campo Madre de Dios s/n) y a través de un taller organizado por el Grupo de Decrecimiento en Equidad de Córdoba, dinamizado por el Consejo Local de la Juventud y Ecologistas en Acción.

Existe entre muchos movimientos sociales la convicción cada vez mayor de que es necesario decrecer. Se habla mucho de posibles propuestas que lleven a la práctica este decrecimiento, pero, quizá fruto de la urgencia o de la ilusión por pasar a la acción, apenas nos hemos detenido en el paso anterior. No debemos olvidar que para promover las propuestas del decrecimiento es requisito indispensable hacer llegar a la gente a la idea de la necesidad de decrecer.

El decrecimiento tan sólo resulta posible en una ‘sociedad del decrecimiento’, es decir, en el marco de un sistema que se base en otra lógica. Para ello es necesario hacer un análisis radical de las actitudes, valores, creencias y concepciones que subyacen en nuestras sociedades para descolonizar nuestro imaginario. Es una tarea compleja, pero totalmente necesaria antes de poder construir una alternativa coherente en una sociedad del decrecimiento. El gran desafío consiste en romper los círculos, que son también cadenas, para salir del laberinto que nos mantiene prisioneros.

Este taller pretende ser un intento de analizar el imaginario colectivo y acercar el de los asistentes al concepto de decrecimiento como necesidad. ¿Qué relación tenemos con nuestro planeta? ¿En qué lugar situamos la economía? ¿Qué importancia tiene la energía en nuestra historia? ¿Qué futuro esperamos vivir?

martes, 4 de mayo de 2010

Sobre la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible

La Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) se propone impulsar una educación solidaria que contribuya a una correcta percepción del estado del mundo, que sea capaz de generar actitudes y compromisos responsables, y que prepare a los ciudadanos para una toma de decisiones fundamentadas dirigidas al logro de un desarrollo culturalmente plural, socialmente justo y ecológicamente sostenible, que supere las posiciones antropocéntricas clásicas y que esté orientada a la búsqueda de modelos más comprensivos e inteligentes de interacción con los ecosistemas. En el texto* se intenta hacer un análisis crítico de los fundamentos, de los marcos conceptuales y de los principios de procedimiento en los que se inspira el Plan Internacional de aplicación del Decenio de las Naciones Unidas de la EDS, propuesto por la UNESCO para la implantación de dicho Decenio.

La educación ambiental tiene un reto a la hora de abordar diagnósticos amplios que permitan objetivar los avances y evaluar los resultados de las acciones a corto, medio y largo plazo, teniendo en cuenta los distintos contextos o marcos de referencia posibles.

Pero, en mi opinión, antes de entrar a participar en este juego habría que ver si es pertinente formar parte de un plan que establece unos fundamentos vagos que, en realidad, esconden una concepción del desarrollo claramente asociada a la idea de crecimiento, aun cuando la adornen con bonitos adjetivos.

Hagamos una breve recapitulación. A partir de los años 60 empezaron a hacerse evidentes los problemas ecológicos que estaba creando el fuerte crecimiento económico iniciado tras la posguerra. Mientras los poderosos aceptaban las premisas del neoliberalismo, las ideas ecologistas fueron teniendo cada vez más aceptación entre la sociedad. Los gobiernos de los países más industrializados se empezaron a ver presionados por la opinión pública para desarrollar una política ambiental. La economía ortodoxa no pudo seguir manteniendo la supuesta incompatibilidad entre economía y ecología, porque ello supondría la necesidad de sustituir el modelo económico por otro. Como este planteamiento resulta inaceptable para los defensores del sistema, se comenzó a defender la compatibilidad entre crecimiento ilimitado y protección de la naturaleza.

Así fue como nació el concepto de “desarrollo sostenible”. En las primeras páginas del Informe Brundtland lo exponen con meridiana claridad: “Lo que se necesita ahora es una nueva era de crecimiento económico, crecimiento que sea vigoroso y a la vez social y ambientalmente sostenible” (Our Common Future, Brundtland 1987, pág. 2). Y así lo usan, por tanto, los distintos organismos internacionales que asimilan el concepto: “La colaboración internacional constituye una inversión fundamental en el desarrollo humano, y su rentabilidad puede medirse por el potencial humano que resulta de la prevención de enfermedades y de muertes evitables (…), y de la creación de condiciones para conseguir un crecimiento económico sostenido” (Human Development Report, UNDP 2005, pág. 3).

Por tanto, y más allá de las sucesivas y posteriores interpretaciones a cargo de otros autores que intentan atraer el concepto hacia sus propias consideraciones, podemos observar que la concepción internacional, ideológica y políticamente, de este término está inevitablemente asociada a la idea de crecimiento.

¿Y es esto posible? Es decir, ¿es posible un modelo de desarrollo que se base en el crecimiento sostenible? ¿Y es posible la sostenibilidad en una sociedad que busca el crecimiento?

Es posible, quizás, mantener un crecimiento sostenible de cosas no materiales, pero nuestros modelos socioeconómicos se basan en crecientes inputs de materias y energía, lo que se traduce en un consumo creciente de recursos y en un aumento consiguiente de impactos en un planeta, recordémoslo, finito.

Además, los modelos económicos humanos, aunque en la práctica nadie lo ponga de manifiesto, constituyen un subsistema del sistema más general formado por la economía de la naturaleza, de la ecología, y no al revés, como muchos economistas ortodoxos parecen propugnar. Un modelo realmente sostenible sólo puede funcionar a largo plazo cuando se comporta igual que un ecosistema natural, en un reciclaje continuo de recursos y alimentándose con la fuente inagotable, a escala humana, claro, de la energía solar. Y, por supuesto, sin la búsqueda del crecimiento como un objetivo en sí mismo.

Así pues, ¿qué evaluar cuando los objetivos no están claros? ¿Cómo evaluar cuando nos basamos en un marco fundamentado en la falacia? ¿Cómo valorar los planes de acción si ni siquiera están claros los acuerdos de mínimos?

Lo cierto es que el resultado de cualquier programa de desarrollo que no abandone las ansias de crecimiento es la insostenibilidad. Y será así incluso en el caso de que el programa incluya la palabra “sostenible”. El uso frecuente del adjetivo “sostenible” no es suficiente para crear una sociedad sostenible, y enmarcar la educación en estos términos, como mínimo inexactos y confusos, no creo que la haga verdaderamente útil para los retos que afrontamos. Corremos el riesgo de estar trabajando para contaminar menos simplemente para poder contaminar más tiempo. La educación ambiental es una herramienta fundamental para promover, de forma crítica y contextualizada para cada lugar y cada comunidad, el cambio de modelo necesario para afrontar el futuro de forma justa con toda la humanidad y con el planeta. Pero para ello es necesario tener claro qué es lo que hay que cambiar a nivel global.

*Este escrito es un comentario crítico sobre el texto "Educación para el desarrollo sostenible: evaluación de retos y oportunidades del decenio 2005-2014", de J. Gutiérrez, J. Benayas y S. Calvo.

martes, 13 de abril de 2010

Ecociudadanía

Si hay una palabra que aglutina la gran mayoría de las reflexiones que intentan analizar nuestro mundo en la actualidad es la palabra “crisis”. Se habla de distintos tipos de crisis acompañándola de adjetivos como “energética”, “ecológica”, “alimentaria”, “social”, “económica”, “cultural”, etc. Hay autores que aglutinan todas estas crisis en una sola: la crisis civilizatoria. Con esta idea se intenta enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva, política, cultural, social, ideológica…

Uno de los aspectos de esta crisis civilizatoria tiene que ver con el abandono por parte de la sociedad de su responsabilidad pública, política, facilitando que aquellos que detentan el poder inmiscuyan intereses privados en la búsqueda del interés público. Este hecho está alimentado por nuestro sistema. El modelo socioeconómico actual presenta a los ciudadanos, además de como simples consumidores, como si estuviesen aislados de su entorno físico y social y como si fuesen, a la manera conductista, unas hojas en blanco en las que poder escribir toda la información que queramos, que utilizarán automáticamente y en las mismas condiciones. Somos máquinas individualizadas de un engranaje que no contempla sus propias imperfecciones.

Estamos en un punto de inflexión. Demandamos nuevas respuestas para problemas que no podemos resolver con las viejas ideas. Necesitamos que el pensamiento complejo nos acerque nuevas formas de convivencia, de relacionarnos en sociedad, en el marco de una visión holística del mundo. Pero para llegar a nuevas respuestas hace falta buscar las formas más apropiadas a las nuevas problemáticas.

Para ello hay que enfatizar otros valores, diferentes a los que hoy reinan, en pos de un nuevo concepto de ciudadanía. Hay que abandonar el etnocentrismo, promover la justicia ecológica y la justicia social y comprender que van de la mano, reconocer los límites (físicos, sociales, éticos) y ponerlos en práctica. Debemos realimentar el valor de lo público, de lo común. Necesitamos reelaborar una idea de desarrollo verdaderamente cualitativo y no unido al concepto cuantitativo de crecimiento. Tenemos que buscar la creatividad política, desarrollar la autoestima, valorar la solidaridad y aceptar y defender la diversidad. En definitiva, nuestra acción como ciudadanos tiene la urgente necesidad de un planteamiento ético desde el que se revisen en profundidad los pilares mismos de nuestra civilización.

Pero todo ello debe darse en un intercambio continuo y colectivo. Hay que poner de manifiesto que los valores cobran sentido en agrupaciones dinámicas, en interrelación, en sociedad. Sin embargo, la privatización del poder político que sufrimos nos hace carecer de la capacidad de conseguir la participación que se demanda. Una participación real, efectiva, activa, crítica y dirigida a la acción transformadora. La democracia no puede quedarse como una mera herramienta de un sistema de gobierno. La democracia dota de mayor calidad de vida y debemos extenderla a todas las facetas de nuestro día a día, convirtiéndola en la base fundamental de todas las relaciones entre humanos.

Cuando hablamos de Ecociudadanía hablamos de formación participativa y resolutiva de personas, en la búsqueda de alternativas a conflictos ambientales. Hablamos de la vuelta a lo local, que refuerza los procesos de democracia participativa, y viceversa. Hablamos del valor de la diferencia, de la pluralidad, incluso del conflicto, que pueden ser considerados como una ventaja, puesto que aportan criterios pedagógicos y ético-ambientales.

El medio ambiente es el eje en el que hoy debe apoyarse el cambio social. Ahí radica la importancia de educar a partir de los problemas ambientales, ya que son problemas que nos ponen en contacto con sistemas y realidades complejas y nos ofrecen la oportunidad de ejercitar y aprender sobre esta complejidad.

La formación basada en una metodología de investigación-acción participativa aplicada a los procesos de aprendizaje y capacitación colectiva para y desde la acción ciudadana no se da en la educación formal y queda, en el mejor de los casos, como un ejercicio de lucha con las administraciones y de búsqueda de las capacidades personales y colectivas para la consecución de objetivos relacionados con necesidades reales y limitado a movimientos sociales organizados. Esto es una dificultad y un factor donde incidir, dado que es radicalmente necesaria la implementación de, al menos, nociones básicas de participación y acción ciudadana en la educación formal. Sin olvidar, claro está, que es en la vida social donde esta capacitación se ejercitará, crecerá y se pondrá en contacto con la realidad compleja.

Por tanto, es preciso que se convierta a la ciudadanía en protagonista, eludiendo la alienación y unificación de conciencias que caracteriza la sociedad de masas de hoy, donde reina un conformismo generalizado en torno a una propaganda bien construida. Partiendo y utilizando las ideas previas de los ciudadanos hay que hacerlos partícipes de todo el proceso de toma de decisiones, valorando todo el camino recorrido, la implicación, las redes creadas, las reflexiones.

En todo ello cobran un papel fundamental dos actores: los medios de comunicación y las ciudades. Los primeros pueden contemplarse desde dos perspectivas. Siguen, en su mayoría, dejando de lado su responsabilidad social en la difusión de las problemáticas ambientales con el fin de interesar al individuo en un proceso activo. Pero, por otra parte, la utilización de los medios de comunicación como recurso educativo, con sus características dinámicas y ágiles, ayuda a que los ciudadanos se movilicen en la acción participativa.

La vuelta a lo local refuerza el proceso de democracia participativa. Es por ello que las ciudades adquieren un fuerte protagonismo, como referencia cercana, donde convergen aspectos disciplinares, pedagógicos y metodológicos que hacen de ellas magníficos recursos poco explotados y referentes obligados de la educación actual y del futuro.

La Ecociudadanía desafía a los ciudadanos, a las instituciones, a las organizaciones de la sociedad civil y a los responsables políticos y económicos en el marco del cambio hacia un nuevo paradigma que contemple la complejidad también en nuestro papel dentro de las sociedades. Para ello, la educación ambiental puede convertirse en herramienta fundamental para contribuir a hacer de nuestras sociedades en general, y de la ciudad en particular, lugares cada vez más humanos, sustentables y democráticos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Charlando sobre decrecimiento en el I.E.S. Miguel Crespo

El pasado martes 9 de marzo tuve el placer de impartir, a petición de Casimiro J. Barbado López, una charla sobre decrecimiento en el I.E.S. Miguel Crespo de Fernán Núñez a la que asistieron los cursos de 4º B y C, así como el de PCPI, acompañados de sus respectivos profesores o profesoras. Casimiro es profesor de Biología y Geología y presidente de la Asociación "Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica", y estaba interesado en ofrecer una introducción sobre esta temática, que basé en la siguiente presentación:
Como creo que lo más interesante siempre es la aportación del alumnado, os dejo con las respuestas que dieron en los breves minutos en los que trabajaron en grupos para contestar a las preguntas que se les habían planteado y que van desde el más sensato sentido común hasta la ciencia ficción que nos venden en los medios de comunicación.

¿Cómo afrontar todo esto?
-Intentando consumir menos petróleo.
-Intentando cambiar.
-Será una situación pesimisma [sic].
-Consumiendo menos.
-Nos sentiríamos mal porque no estamos adaptados a esa forma de vida.
-Encontrando fuentes de energía alternativas y renovables que sustituyan a las no renovables.
-Inventando nuevas formas de energía. No gastar tanto petróleo y montando más en los transportes de ciudades e inventar algunos aparatos que salgan más económicos sin petróleo.
-Con realismo y siendo conscientes de los gastos de energía que hacemos.
-Nos costaría adaptarnos a la obligada reducción de consumo, tendríamos que adaptarnos a nuevos indicadores que nos dé la felicidad y calidad de vida.
-Con renovables o nuclear. Concienciando a la gente de que el petróleo se acabará pronto.
-Haciéndonos a la idea de que el mundo va a cambiar e intentar asumirlo lo mejor posible.
-Para poder afrontar esta situación deberíamos de no consumir tanto, tener más cuidado con la contaminación e intentar reducir el consumisto máximo [sic], hay que afrontarlo con un pensamiento abierto y tener una mentalidad adecuada para asumir cualquier solución que se ponga, y a pesar de que el recurso energético será menor deberemos intentar administrarnos con el tipo de energía que tengamos.
-Con optimismo y calma.
¿Cómo nos alimentaremos?
-No podríamos alimentarnos porque se necesita petróleo para producir alimentos y transportarlos.
-Con plantas comestibles.
-Con productos ecológicos, sin fertilizantes.
-Comiendo solo lo necesario.
-Del campo y de los productos naturales, tomates, pepinos, etc.
-Con productos naturales que no requieran utilizar energías no renovables para fabricarlos.
-No podríamos vivir sin plantas ni animales con lo cual moriríamos.
-Si no se soluciona el problema no nos podríamos alimentar de los alimentos que hoy provienen de la agricultura y ganadería. Si no nos veremos obligados a consumir productos fabricados.
-Que cada uno produzca su propio alimento. Ayudándonos de la biogenética.
-Comiendo alimentos transgénicos.
-Tomaremos alimentos creados en laboratorios que no necesita hacerse [sic].
-Con alimentos reciclados.
¿Cómo y dónde trabajaremos?
-No podremos trabajar porque no hay petróleo para circular.
-Los trabajadores de energías fósiles no existirán y se crearán puestos en las energías renovables.
-En el campo.
-Tendríamos los mismos trabajos que ahora pero nos dedicaríamos más a buscar nuevas fuentes de energía.
-Trabajaremos con muchos esfuerzos pero las nuevas tecnologías ya mismo nos sustituirán en el trabajo y no haremos falta para nada.
-Trabajaremos con energía renovable.
-En empresas de energías renovables.
-Trabajaremos con energías renovables, el futuro es impredecible.
¿Cómo nos moveremos?
-Andando o en bicicleta, en un transporte que no se necesite petróleo.
-Con vehículos de hidrógeno.
-Andando y en transporte que no consuma energía.
-A través de la energía solar.
-Andando o en bicicleta.
-En vehículos que no contaminen.
-Si se forman nuevas formas de transporte perviviríamos con ellas y si no, como siempre, de la misma manera.
-Si no hay energía como el combustible no nos podremos transportar en coches, autobuses, etc.
-En bicicleta o andando. A caballo.
-Caminando porque no habrá energía para utilizar medios de transporte.
-En coches híbridos. Se crearán otro tipo de energías para mover los vehículos. O motocicletas eléctricas.

Y vosotros, ¿qué hubieseis respondido?